
Mientras me bañaba una palomilla (un insecto parecido a las mariposas pero más feo), paso un par de veces por el chorro hasta que, en una de esas quedo atrapada y cayó cerca de la coladera, donde empezó a moverse de forma brusca agitando las alas para intentar salvar su vida y no morir ahogada, (seguramente hasta ahora mi relato de cómo veía a la palomilla morir mientras me bañaba resulta sumamente “fascinante” pero prometo que tengo un punto). Mientras veía al insecto luchar para no morir ahogado pude relacionarme con él (claramente no en que soy un insecto, no mal interpretemos).
Cuantas veces vamos por la vida haciendo cosas que sabemos nos pueden causar problemas o darnos un rato de terrible tristeza o dolor y aun así seguimos adelante sin importarnos mucho lo que pueda pasar (seguramente el insectito sabía que podía terminar atrapado por el agua pero aun así decidió seguir adelante y continuar acercándose al chorro) la única razón probable que puedo encontrar (sin tomar en cuenta que el ser humano es estúpido) es que tenemos una enfermiza obsesión con recordarnos que sentimos, una adicción impresionante a la adrenalina, que cualquier pretexto o situación es buena para poner nuestras emociones en juego y demostrarnos principalmente a nosotros mismos que aun sentimos, que estamos vivos y que tenemos todavía la fuerza suficiente de seguir adelante y superar cualquier tipo de obstáculo que se nos presente.
En lo personal creo que esa es una de las cualidades que más admiro y me gusta del ser humano, el ser lo suficientemente idiotas (o valientes) para aventarnos contra la primera piedra que encontramos para ver si nos golpeamos y azotamos, o nos golpeamos y logramos no caernos, manteniendo un espíritu de lucha y aventura que nos permite sentirnos vivos al final del día, y a mi parecer un ser sin sentimientos es un ser completamente vacio
Después de días de no lograr escribir una sola línea agradezco a mi inspiración por volver a mi (a buena hora), agradezco a ustedes por tomarse el tiempo de leer mis pato-aventuras(?) y agradezco a mi musa, esa pequeña palomilla que tuvo que comportarse de una manera tan peculiar (y morir) para lograr robar mi atención y lograr tenerme tan despierta, aun después de un día tan pesado como lo fue hoy, escribiendo esto.